En los primeros compases, Emilio N'Sue pudo inclinar hacía nuestro lado la balanza con un disparo que resultó demasiado centrado. Poco después, un disparo de Pereira se marchó fuera lamiendo el poste. Sin embargo, todo cambió en el minuto 12 cuando Kike García adelantó a los pimentoneros, entre los que figuraba el ex mallorquinista Molinero. Entonces, aparecieron los primeros silbidos en la grada antes de que Pereira y Alfaro malgastaran sendas oportunidades. Pasada la media hora -y con los barralets tan desordenados como en la foto que acompaña este texto- muchos de los casi 10.000 presentes estallaron contra el palco tras el segundo tanto visitante, obra de Dorca tras el saque de una falta lateral. La bronca fue tal que hasta tuvieron que intervenir miembros de la Policía Nacional y de la propia seguridad del estadio para salvaguardar la integridad del presidente Biel Cerdà y la del propietario, Llorenç Serra Ferrer. Y por si fuera poco, Thomas fue expulsado por doble amarilla en el descuento del primer acto. Curiosamente, el ghanés se marchó entre aplausos.
La segunda mitad no pudo empezar peor. A los dos minutos de regresar del descanso, Kike García asestó un golpe (casi) definitivo a nuestras aspiraciones con una diana que fue aplaudida por algunos que dicen ser mallorquinistas. Sin embargo, el equipo tiró de casta y reaccionó. En el 52, N'Sue redujo las diferencias con el primer gol bermellón en el 'Infierno' tras 16 temporadas en la élite. Trece más tarde, el recién entrado Gerard Moreno empalmó desde la frontal una gran dejada con el pecho de Víctor para hacernos creer en la remontada con el provisional 2-3. Una posibilidad que quedó completamente descartada en el minuto 70 cuando el colegiado jienense Munuera Montero convirtió un saque de esquina en un penalti que además, le costó a Kevin la segunda amarilla. Saúl no perdonó y el último tramo -afrontado con nueve jugadores- se hizo eterno en un Son Moix que acabó semidesierto mientras los murcianos perdonaban, una y otra vez, la 'manita'. El larguero y Aouate, con dos milagrosas intervenciones, lo impidieron. Con el pitido final, el poco público presente despidió a los suyos con gritos de ¡Fuera, fuera!




